Por Juan Martín Sánchez
Batlle, Batllismo, Batllistas, estas palabras y muchas más que se asocian con ellas representan quizás los tópicos políticos más discutidos en el Uruguay del siglo XX,
No cabe duda que la obra gubernativa del Batllismo marcó a fuego la historia del país para siempre, dejando una huella y una marca que aún hoy genera polémicas y discusiones, no cabe duda tampoco de que el término “Batllista” es una herencia a la que muchos aspiran en este país, dentro y fuera del Partido Colorado, la propia Izquierda ha intentado en varias ocasiones apropiarse del “Batllismo”, desde las expresiones de que el “batllismo ya no está más en el Partido Colorado, sino en la Izquierda”, hasta la poco feliz declaración de Mújica de que “todos somos batllistas”(poco feliz viniendo de él cuyos orígenes blancos y herreristas primero, y socialistas tupamaros después, no permiten hacer esa asociación tan automáticamente), tan querido es el legado y le “etiqueta” que hay “Batllistas” o personas que dicen serlo tanto en el Partido Colorado, como en el Frente Amplio, como en el Partido Independiente.
Olvidándose las viejas polémicas entre Batlle, los batllistas y los socialistas, y las viejas apreciaciones de la izquierda revolucionaria uruguaya, los herederos de aquella izquierda han intentado captar para si un espacio que les es ajeno, por ideas y por principios,( quizás obligada por una cierta orfandad a la que los cambios en el mundo la han llevado). Y es que la Izquierda uruguaya entiende al batllismo como “Socialismo de Estado” y no como lo que en efecto fue el Batllismo, es decir un movimiento político Liberal, Radical, Republicano y Reformista, pero no un movimiento socialista o revolucionario.
¿Cómo interpretar al Batllismo?, ¿Qué es el Batllismo realmente?, ¿Aún existe?, para responder estas preguntas hagamos un poco de historia, y veamos el itinerario del Batllismo a lo largo del Siglo XX, partamos de una definición importante: el Batllismo fue históricamente el movimiento de los reformistas uruguayos, es decir no fue un movimiento revolucionario, no se propuso cambiarlo todo, a su vez el batllismo nació en un partido tradicional y se considero heredero de esa tradición, no renegó de ella.
La historiografía uruguaya marca dos grandes momentos del Batllismo , el primero de ellos a principios del siglo asociado a la persona y la figura de José Batlle y Ordóñez, como han explicado en profundidad Barrán y Nahum, el Batllismo nació en el estado, y en el partido que controlaba el estado, nació y fue producto también de una sociedad que tenía aspiraciones de cambio importantes, sobre todo debido a la crisis de 1890 y a los conflictos políticos provocados por el “exclusivismo colorado”, era también un reformismo hijo de la inmigración las nuevas ideas, clave en la modernización de los dos partidos tradicionales, que dejaban definitivamente de ser divisas, y ahora si se convertían en partidos(o mejor dicho en “federaciones de partidos”) incorporando ideas, planes de gobierno y concepciones del mundo. La historiografía denomina este primer impulso reformista como Batllismo o Primer Batllismo, y lo ubica entre 1903 y 1933. Históricamente se reconocen es este período importantes cambios en la legislación social, en la ampliación de la educación, la ampliación de la ciudadanía y el nacimiento de la democracia en el país con su vinculación a una lógica de mutua aceptación lograda con sangre y esfuerzo por los partidos tradicionales, y en la ampliación del rol del estado en la sociedad. Todo ello confluyó a construir una sociedad que mirando a Europa buscó imitarla, rechazó sus orígenes hispánicos, y adoptó una identidad ciudadana, basada en la integración social, la difusión de ideas liberales y laicas, y un estado interventor en los social y económico. El “Uruguay del centenario” nacido de la obra del primer reformismo, era una sociedad confiada de si misma y su potencial, europeísta por definición, integrada de forma orgullosa a Occidente. Aún cuando los coletazos de la crisis mundial de 1929 dejaban sentir sus efectos, y el país vivió una profunda crisis política que desembocó en el golpe de estado de Gabriel Terra en 1933, la sociedad uruguaya(ahora sí uruguaya, y no oriental)sentía una gran confianza de si misma, “el país modelo”, el de las avanzadas leyes sociales y económicas, el de la extensión de la educación, el de la sociedad Hiperintegrada(como la definió Rama), no dudaba de su sitial de honor entre las naciones del mundo, de tal forma que una vez superados los efectos de la crisis mundial(en parte debido a la guerra mundial) el reformismo renació en el poder de la mano de otro Batlle, en este caso el Neobatllismo de Luis Batlle o “quincismo”. Este segundo reformismo, no innovó en los aspectos esenciales con respecto al Batllismo original, “nuestro programa es el del ayer” dirá Luis Batlle, y todo el movimiento tendría fuerte apariencia de “restauración”, sin embargo se diferenciará del primer Batllismo y que pondrá en práctica un modelo de desarrollo industrial que en lo principal corresponde con el modelo ISI aplicado en otros países de América Latina durante aquellos años, aunque marcando fuertes diferencias con la variable populista que predominaba en la vecina Argentina.
De esta forma el Uruguay conoció en los primero 50 años del sigo XX dos fuertes impulsos modernizadores, que impusieron una nueva concepción de lo social, con un Estado fuertemente intervencionista(hasta dirigista se podría decir), un Estado que abandonando el papel de “juez y gendarme” propio del liberalismo del siglo XIX optó por construir una fuerte legislación en defensa de los obreros(incluyendo la negociación colectiva en los “consejos de salarios”), una sociedad con valores mesocráticos y de ascenso social, un aparato educativo amplio que contribuyó a construir la clase media, un modelo económico en la cual el Estado cumplía un rol fundamental por medio de las empresas públicas y las transferencias de recursos del agro a la ciudad , una sociedad abierta a las ideas extranjeras y a los inmigrantes, y todo ello enmarcado en la democracia política, construida con esfuerzo y en la cual un sistema de partidos bipartidista, pero no exclusivo, ya que era más un multipartidismo dentro de los partidos mayores, por medio del cual los distintos reclamos sociales eran canalizados, en la relación Estados-Partidos-Sociedad. El reformismo había contribuido a crear un país optimista y seguro de si mismo, “como el Uruguay no hay” sería el lema de la época, que llevaría incluso al presidente Batlle Berres a decir ,no sin cierta exageración, “no es que el Uruguay sea la Suiza de América, es que los suizos son los uruguayos de Europa”.....La experiencia reformista fue una experiencia socialdemócrata(aunque no se definiera así, recién fue Sanguinetti quien calificó de esa manera al Batllismo, históricamente el Batllismo se definió como liberal), el politólogo Garce ha expresado en varias ocasiones que el Uruguay es como un país que fue gobernado décadas por la izquierda(es decir socialmente integrado, pero con crecimientos económicos menos dinámicos).
A pesar de lo intenso de la obra, y de lo profundos de los cambios que se habían producido en el país en esos primeros 50 años del sigo XX, el modelo no pudo sostenerse, y de la mano del cambio de hegemonías (La británica por la estadounidense), de la “Guerra Fría” y la Revolución Cubana, y de los cambios económicos, el país sufrió los efectos de la crisis y el modelo Neobatllista se desplomó en los años 50. La manifestación política de esa crisis fue el triunfo del Partido Nacional en 1958 y 1962, que rompía con casi un siglo de hegemonía política colorada. Los años siguientes vieron la agudización de la crisis, el origen de la guerrilla, la violencia política y el autoritarismo que terminaron por eclipsar de forma definitiva el modelo Batllista, el resultado de aquel espiral de violencia política y regresión económica transformo la “suiza de América" en una sociedad latinoamericanizada( no solo socialmente, sino culturalmente lo que es peor).
No nos vamos a detener en analizar los gobiernos colorados posteriores a la dictadura, a los cuales recientemente el Prof. Flores Silva denominó como “El Tercer Batllismo”, sólo diremos que cada uno de ellos (herederos a su modo del Batllismo), interpretó la tradición a su forma, así el “Foro” fue más socialdemócrata, mientras que la “15” con el liderazgo de Jorge Batlle transformó los postulados más hacia el Liberalismo Clásico.
¿Qué es por lo tanto el Batllismo?, ¿Qué queda de él?. Podemos intentar sintetizar algunas de las características generales subyacentes a los distintos batllismos, como toda síntesis mucha cosa quedará por el camino.
I) El batllismo es un movimiento político de raíz liberal, nace en un partido liberal y se siente heredero del Liberalismo. Se siente heredero de las “Nuevas Ideas” e invoca la Revolución Francesa.(además de reivindicar la historia y la tradición de ese partido que fue su cuna).
II) Siendo no obstante un movimiento Liberal, no cree en el Liberalismo Económico, por el contrario el Batllismo promueve la intervención del Estado en la economía y la sociedad, ya que es el Estado un actor importante en la construcción social y política. Por ello el Batllismo (sin dejar de ser Liberal) es a su vez Reformista, cree en las reformas sociales y económicas, realizadas desde el Estado con el objetivo de corregir injusticias sociales, o malos funcionamientos del sistema capitalista. Por ello muchos han emparentado el Batllismo a las socialdemocracias europeas., aunque su origen sea otro.
III) El batllismo es laico, defiende una cultura laica y secular, entiende que el Estado no debe estar controlado por principios religiosos o ideológicos. Así como no construyó un sistema educativo para trasmitir ideas religiosas, tampoco se hizo para trasmitir ideas políticas, sino que se defendió el Liberalismo en el plano filosófico. (Aquí hay una diferencia con la izquierda, que ve al sistema educativo como parte de un aparato de construcción ideológica y política).
IV) El Batllismo es occidentalista, se define admirador de la civilización occidental y de sus logros, ya sea en la versión afrancesada (caso típico del “Foro Batllista”) o liberal Anglosajona (en versión de la “15). No reniega de Occidente ni de la modernidad, entiende que el país debe pertenecer a ese mundo. Europa Occidental y Norte América figuran en sus preferencias geopolíticas.
V) El Batllismo no es Socialista, discrepa con el Socialismo en puntos esenciales, como la “Lucha de Clases”, o la propiedad privada. No viene del Marxismo, no se encuentra inmerso en esa interpretación del mundo. Defiende la conciliación social, no la lucha de clases.
VI) El Batllismo no es conservador, no busca defender el Status Quo, sino transformarlo en aras de una sociedad más equitativa, hoy puede sonar irrisorio pero defender el divorcio, el derecho a la educación de las mujeres o sus derechos políticos en el 900 era ser radical. Es por ello que el Batllismo se ubica a la vanguardia del pensamiento Liberal, y se diferencia de los Liberales Conservadores( o de “Derechas”).
VII) El Batllismo cree en la democracia política y en la democracia social, propugna y defiende las libertades individuales, pero a la vez cree que las mismas deben complementarse con mecanismos que garanticen al individuo sus posibilidades de ascender en la sociedad. Es innegable en tal sentido el rol del Batllismo en la construcción de la democracia en el Uruguay tanto en sus instancias iniciales (principios del Siglo XX), como en el reestablecimiento de la misma.
VIII) El Batllismo también es humanista, cree en el ser humano y defiende sus derechos, propugna por una sociedad más humanitaria, recordemos como Batlle y Ordóñez en su momento prohibió tanto la pena de muerte como los deportes violentos, por barbáricos. Recordemos también como en tiempos de dictadura transicional se pedía en la convención del Partido Colorado amnistía por los presos políticos de la dictadura.
Esta enumeración de características y significados del Batllismo, no es exhaustiva, y sabemos que es parcial e incompleta, pero puede aportar a la discusión serena sobre el tema. Tomando las características mencionadas es obvio que el batllismo existió y aún existe, aunque esté debilitado, es evidente además que la izquierda Frentista no representa ese espacio ideológico, Republicano-Liberal y Reformista, por supuesto que sabemos que hay muchos batllistas en el Frente, desde los que emigraron con Zelmar Michelini y Liber Seregni en adelante, pero el Frente en si no es batllista, tiene sus raíces ideológicas en otra parte.
Como tampoco representa a el Batllismo, el Nacionalismo Blanco, sino que por el contrario el Batllismo tiene distintas diferencias tanto con la izquierda como con el Nacionalismo, tiene vida y significado propios, debe recuperar su lugar, su espacio, naturalmente en el lugar adecuado para hacerlo, que no es otro que el Partido Colorado, ya que como dice la vieja expresión “se puede ser colorado sin ser batllista, pero no batllista sin ser colorado”. Esa es pues la tarea Principal de los batllistas de principios del Sigo XXI, construir la alternativa Batllista para el presente, al igual que la de los Batllistas del 900 hicieron lo propio, esta es una construcción fundamental, lo necesita el Partido, pero también el país, en esta construcción no debe atraparnos el pasado, pero no debemos olvidarnos del legado ni de los principios, el Batllismo estará llamado a ser “LA” alternativa a la Izquierda Frentista, pero también a los conservadurismos. Manos a la obra entonces……….
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