Por Nicolás Sosa
Tengo la sensación que cada día confundimos más lo que son las libertades individuales con la construcción de una sociedad permisiva. Si bien puede parecer un pensamiento conservador, entiendo que no se puede disociar los derechos a los deberes. No se puede vivir en una sociedad donde en nombre de las libertades se permita realizar todo lo que se quiere. Creo que un mundo civilizado debe estar estructurado bajo normas y reglas, de las cuales, muchas de ellas están directamente vinculadas a la interrelación de los individuos entre sí.
Al parecer, hablar de límites, normas, obligaciones y deberes es mala palabra y están asociados a modelos totalitarios, cuando en realidad, sin estos, no podemos pretender tener una sociedad civilizada.
Lógicamente, aún somos una sociedad conservadora en algunos temas y creo que por allí sí se debe trabajar en el sentido de lograr la igualdad entre todos los integrantes de la sociedad, donde todos tengamos los mismos derechos y no existan modelos discriminatorios que no hacen otra cosa que generar exclusión, indiferencia a las normas y violencia.
En este camino de la igualdad y lograr la mayor libertad de las personas, entiendo que nos vemos enfrentados a no caer en disfuncionalidades que resulten hacernos errar las acciones tomadas y en consecuencia la permisividad sea la causa que termine por destruirnos como sociedad.
Esta permisividad social irresponsable nos hace correr el riesgo de caer en el transcurso del tiempo la estructura de una sociedad civilizada y aceptada.
A priori, las normas de convivencia o normas sociales deberían en su conjunto estar basadas en principios morales y éticos, por lo que ser permisivos ante esto es indirectamente permitir lo anti-moral, lo anti-ético. Es claro poder ver como cada día prestamos menos atención o cuidado a los valores mencionados; creemos que con el simple hecho de enviar a un centro educativo a nuestros hijos o intentar transmitirles esos valores en nuestras casas la tarea está cumplida y no hay nada mas alejado que eso.
Los niños, adolescentes, jóvenes y también los adultos vivimos en sociedad; asimilamos, absorbemos y confrontamos a cada instante lo que debería ser de lo que en realidad es. La construcción de esos valores se fortalece o se debilita a partir de lo que nuestra sociedad nos brinda.
Es por estas razones, que creo que como sociedad deberíamos revisar los mensajes que directa o indirectamente nos estamos continuamente brindado o estamos recibiendo y comencemos a no sentirnos culpables por entender que los límites nos cuidan y nos permiten vivir libremente en sociedad.
Confundir las normas y sus controles con “mano dura” es caer en un facilismo que nos aleja cada día de poder vivir y convivir más y mejor en una sociedad civilizada.
Las normas deben ser construidas por la colectividad, en base a lo que se quiere y se espera como sociedad y dichos límites deben ser claros, precisos y por su puesto que no permeables, apuntando siempre a la igualdad de los derechos para todos sus integrantes.
La contrapartida a esto, es el camino que creo estamos recorriendo a pasos agigantados y donde indirectamente estamos construyendo una sociedad permisiva, donde miramos todos para los costados y donde la violencia e indiferencia día a día van ganando territorio entre nosotros.
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